domingo, 10 de marzo de 2013

CORAZÓN CON PATAS... CABEZA COMPLEJA.


Erase una vez un corazón con patas que tenía un íntimo amigo llamado cabeza compleja. Solían ser la viva imagen de la amistad, pero también de la línea delgada que existe entre el odio y el amor y también del comportamiento sobreprotector al que todo el mundo suele definir negativamente.

Podríamos contar que esta historia sucedió un día especial, lluvioso, en un campo verde rodeado de pequeños animales… pero sería simplemente decorar el escenario de un día menos común.

La gran cabeza compleja solía susurrar a menudo al pequeño corazón con patas cuando de verdad se podía asomar, y cuando se tenía que quedar resguardándose de la lluvia. Pero la cosa no acababa ahí, puesto que el corazón no quería ser menos y gritaba a viva voz a la cabeza que quería salir de una vez de su escondite y mostrarse tal como era. El corazoncito tenía pocos conocidos, puesto que para el resto era invisible, mientras que la cabecita conocía a tanta y tanta gente… Pero todos sabían que era por una buena causa, que era para mantener el control de su propia ciudad, para que no pudiera llegar un monstruo de hielo y destrozar todo lo construido.

El corazón alegre tenía una ventaja sobre todo, y era que inundaba la ciudad de amor, de sentimientos buenos y de verdad… todo lo que hacía era verdadero, sin más. Pero su querida amiga la puñetera cabeza siempre le hacía dudar.

¿Y sí eso que el corazón creía hacer con amor no era verdad? ¿Y si la falsedad llegaba hasta él? ¿Y si el corazón se había vuelto negro? ¿Y si palabras como perdonar, como aceptar o frases como dar una segunda oportunidad eran solo palabrería?

Esa lucha entre amigos será eterna, pero la ciudad se ve desalumbrada cuando el corazón con patas no cree en sí mismo.